The Divide

Archivado en Jaialdiak • Fecha: 08-05-2012 17:56:50

El director de cine francés Xavier Gens (Dunkerque, 1975) escribió y dirigió su primer largometraje titulado Frontière(s) (2007) después de haber trabajado como ayudante de dirección en las películas como la estadounidense Double Team (Tsui Hark, 1997) o La Captive (Chantal Akerman, 2000) y después de haber filmado varios cortos desde que decidió ponerse detrás de las cámaras en el año 2000. Su ópera prima se estrenó en los más prestigiosos festivales de todo el mundo y a nivel estatal su estreno se produjo en la de Sitges. Ese mismo año la productora Twentieth Century Fox le encargó la adaptación cinematográfica del conocido videojuego Hitman y el presupuesto de su segunda película ascendió a 24 millones de dólares. Como era de esperar en esta ocasión Gens no trabajó en la escritura del guión. Su última obra The Divide (2011) es una coproducción entre varios países, entre ellos, Estados Unidos, y por ello es lógico que el proyecto fuese en lengua inglesa y con la participación de actores americanos como Lauren German, Michael Biehn y Rosanna Arquette. Es una película jodidamente pesimista que refleja perfectamente nuestra época y donde los personajes son simples marionetas del escepticismo y cinismo que imperan en esta nuestra sociedad.  

The Divide es una película sobrecogedora, brutal y muy intensa. Es una de esas películas que dejan huella. Hoy en día los medios de comunicación nos bombardean constantemente con imágenes (la mayoría suelen ser duras y explícitas) y es difícil que una película encuentre un lugar privilegiado en nuestra memoria. Todo se evapora rápidamente y nada permanece demasiado tiempo. En un abrir y cerrar de ojos todo deja de existir y nos encontramos solos ante la angustia del presente perpetuo (y el futuro que nunca llega). The Divide es realmente impactante y no hay duda de que va a dejar a muchos espectadores con la boca abierta. Es un recorrido hacia lo más profundo del ser humano y la película no deja mucho sitio para la esperanza. Son los tiempos que corren y hay que aceptar que los seres humanos han pasado de ser el pueblo elegido de Dios a ser una especie más. Dicen que el tiempo lo cura todo, pero para que llegue ese momento habrá que tener paciencia. Hoy en día se habla de plagas y de virus cuando se hace referencia a la especie humana que hace no mucho era tan admirada y respetada (¿por quién?). Pero si la imagen que teníamos del ser humano ha cambiado drásticamente en estas últimas décadas eso no quiere decir que nosotros hayamos cambiado en absoluto. Seguimos siendo odiosos y cariñosos y amables a partes iguales. Ni en la época del cine clásico todo era maravilloso y bonito, y tampoco en el cine contemporáneo todo es nihilismo y autodestrucción.

Por otra parte, la música es simplemente maravillosa y la verdad es que nos hace sentir que estamos viendo algo único e irrepetible. Nos hace sentir que estamos ante una gran obra que merece ser recordada y admirada. Después de haber sido premiada en Sitges, fue la sorpresa de la pasada Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián y el día 7 de mayo se pudo ver en el festival fantástico de Bilbao, más conocido como FANT. La historia empieza con el esperado apocalipsis (las razones y los autores del ataque radioactivo no le interesan para nada al autor) y la desaparición de la raza humana, y sólo unos cuantos que han podido acceder al sótano de su edificio han podido salvarse. Pero visto lo visto parece que había sido mejor que todos hubieran desaparecido de una vez de la faz de la tierra. Los supervivientes tendrán que enfrentarse a varios peligros, pero lo que no saben es que los mayores enemigos son ellos mismos. Mickey (Michael Biehn) es el encargado del edificio y desde la primera escena se nos muestra como un líder nato. Parece que es un héroe de los de antes y transmite confianza. Es un hombre maduro y eso nos hace pensar que tiene la capacidad y experiencia suficiente para saber lo que hay que hacer en este tipo de situaciones. Al espectador le transmite confianza y seguridad, pero los otros inquilinos no están de acuerdo, y no tardan en poner en cuestión su autoridad.

El contraste entre Mickey y Sam (Iván González) deja claro que hay mucha diferencia entre el héroe y entre un ser humano cualquiera. Sam era abogado antes de lo ocurrido y seguro que era un hombre respetado y con estatus, pero el estatus y el dinero no sirven de nada en una situación de estas características. Sam se comporta como un histérico y no aporta nada bueno al grupo. Los otros dos hombres que pueden hacerle frente al líder de la manada son jóvenes y arrogantes y por eso los enfrentamientos y las discusiones no se harán esperar. Josh (Milo Ventimiglia) y Bobby (Michael Eklund) demostrarán a lo largo del film que son unos auténticos supervivientes. Pero The Divide no es una película que trata de supervivencia, sino más bien trata de la voluntad de poder, de narcisismo, de egoísmo y de fascismo, al fin y al cabo…

Porque si fuese una película sobre el instinto de supervivencia hubiera sido totalmente diferente. La autodestrucción no es la mejor opción en una situación como ésa. Son unos fracasados que por miedo e inseguridad y también por ansia de poder acabarán por maltratar y torturar a los demás. La convivencia nunca suele ser fácil, pero estos no tienen ninguna intención de llevarse bien con los demás componentes del grupo. En vez de calmarse y pensar en una solución adecuada para todos, el pánico y la desesperación terminan por adueñarse de los jóvenes intrépidos y acaban perdiendo la razón. En una de las primeras escenas Josh hace un comentario sobre la comida y demuestra que no es capaz de agradecer la comida que se le ha ofrecido. Como se puede imaginar Josh no es muy inteligente, y aunque el mundo que conocían ha desaparecido ante sus propias narices, él ha logrado sobrevivir y además de eso debería estar agradecido porque tiene algo para llevarse a la boca. Querrá comer una sabrosa hamburguesa con queso, pero por desgracia no puede ir a ningún lado. Y para colmo tiene que compartirla con unos desconocidos. Está claro que el guapo y musculoso muchacho piensa que se merece algo más, y al final se va a convertir en un auténtico tirano. Los reyes no quieren compartir comida ni refugio con los esclavos y Josh sabe muy bien que el que no es rey sólo puede ser un simple siervo.

Tienen refugio y comida, sin embargo, eso no es suficiente para algunos que quieren adueñarse de la situación y aplastar a los demás. Y para ello primero tendrán que acabar con Mickey. Mickey es el típico héroe americano que ha perdido a su esposa y a su hija (no sabemos por qué) y que malvive haciendo un trabajo cualquiera intentando olvidar su pasado. Para terminar quiero incidir en una última cuestión; la famosa teoría del darwinismo social es una falacia, ya que, los seres humanos llevan colaborando entre ellos desde los inicios de la humanidad. Siempre habrá antisociales, pero también hay héroes que están dispuestos a ayudar a los que más lo necesitan. Afirmar que el hombre es un lobo para el hombre, no hace justicia a la verdad. Esa idea es la que prevalece en épocas tan dramáticas como la actual, pero haríamos mejor en colaborar y reunirnos todos para acabar con la dictadura del dinero. A los poderosos les interesa que estemos divididos y enfrentados, porque así podrán disfrutar de una vida tranquila.

Ninguna persona puede sobrevivir solo, porque además de la luz solar y los alimentos necesitamos amar y ser amados. La sociedad y los valores que promovía ésta han desaparecido con la explosión nuclear, pero eso no significa que las personas dejan de serlo para convertirse en animales. El mensaje de la película es clara: el ser humano es un animal que hará lo que sea para humillar y aplastar a sus semejantes para conseguir todo lo que desea. Eso no es supervivencia, es manipulación. Las personas tienen ética y sus propias convicciones, y aunque todos podemos convertirnos en asesinos, eso no significa que todos seamos unos violentos hijos de perra. Todos somos culpables, de eso no hay duda, pero eso no nos convierte en unos fascistas.   

     


Iluntasunari barre

Archivado en Jaialdiak • Fecha: 27-04-2012 13:15:09

Izenburua: Camera Obscura

Zuzendaria: Maru Solores

Herrialdea: Espainia

Urtea: 2011

Iraupena: 90 minutu

Valladolideko Seminci jaialdi entzutetsuan estreinatu ostean Maru Solores donostiarraren opera prima Donostian ikusi ahal izango da lehendabizikoz. Film polita da benetan, eta ikuslearen emozioak ditu jomuga. Xumea eta eraginkorra da. Nahiz eta neska itsu baten inguruko istorioa izan biziari egindako omenaldi hunkigarri eta goxoa da. Alde horretatik ez da batere gogorra. Soloresek ez du inolaz ere jendearengan errukia sortarazi nahi, itsuen inguruan existitzen diren aurreiritziak gainditzea baita bere helburua. Ezjakintasunaren aurka borrokatu behar da errealitatea eraldatu nahi bada. Askatasunaren eta maitasunaren inguruan hitz egiten digu, eta Ane (Jacqueline Duarte) neskato itsua izan arren, pertsona bat dela aldarrikatu nahi izan du egileak.

Egia da gaur egungo haurrak oso babestuta hazi ohi direla, hortaz, erraz imajinatu daiteke ikusmena galdu duen 13 urteko neskatxa honek sufritu behar duena. Pertsona guztiok behar dugu besteen laguntza, baina horrek ez du esan nahi bakarrik moldatzeko gauza ez garenik. Ane haur bat bezala tratatzen du amak eta anaiak ez dauka bera zaintzeko gogorik ezta astirik ere. Haurra zama bat besterik ez da familiarentzat eta senar-emazteen arteko tentsioak areagotu egingo dira. Operazioetan dirutza xahutzen dute, baina alferrik dela dirudi, ikusmena berreskuratuko duen zantzurik ez baita ageri. Gurasoek azken neurri moduan Estatu Batuetara joatea erabakiko dute laguntza bila, baina Anek bere egoera berria onartu du eta ez du gaixo dagoenik uste. Bere adineko edozein neska bezalakoxea da, eta kezka eta arazo berberak ditu. Beste era batera komunikatzen da munduarekin, ados, baina horrek ez du esan nahi arazo bat daukanik. Ikusmena galdu du, baina ez da inozoa. Beste asko baino argiagoa da eta besteek ikusten ez dutena ikusteko gai da. Gurasoek elkarren artean dituzten gatazken berri dauka, bere anaiak, ordea, ez daki ezertxo ere. Anaia beste mundu batean bizi den bitartean, Anek errealitatea zorroztasun osoz hautematen du, eta egunerokotasunak ezkutatzen dituen egiak antzemateko gai da.

Bizitza ibiliaz ikasten da eta bizitzeko gogo eta grinak dituen edonork egiten du aurrera. Maru Soloresen helburua pertsona itsuen duintasuna aldarrikatzea da, eta bide batez maitasuna eta askatasuna gizaki guztion jabetza direla adierazi nahi du. Batzuk bidean oztopo gehiago edukiko dituztela argi dago, baina bizitza datorren bezala onartu beharra dago. Bizitzari aurre egin behar zaio eta hori norberari dagokio, ez beste inori. Anek aske izan nahi du eta hortaz, ez du nahi ingurukoek zama bat bezala kontsideratu dezaten. Bere buruaren jabe izan nahi du eta bere erabaki propioak hartzeko gai dela demostratu nahi die gurasoei. Horrenbestez, operazioari uko egingo dio, eta amak inposatutako musikaren ordez, argazkilaritza aukeratuko du. Antonio argazkilari gaztearekin duen harremana funtsezkoa izango da.


Kiseki

Archivado en Zine asiatikoa • Fecha: 25-04-2012 14:50:24

Hirokazu Kore-eda es uno de los directores japoneses más brillantes de su generación. Su estilo sencillo y sutil para contar pequeñas historias que reflejan perfectamente a la sociedad japonesa ha seducido a muchos espectadores a lo ancho del globo. Después de que su último trabajo ganará el premio al mejor guión en la pasada edición del festival de San Sebastián ahora se acaba de estrenar en los cines comerciales. En Euskadi Trueba y Alhóndiga son dos de los cines donde se puede ver Kiseki. Y eso en los tiempos que corren es una excelente noticia, ya que, muchas películas asiáticas no llegan ni siquiera a estrenarse. Kaabee (Kabei: muestra madre, 2008) del veterano realizador Yoji Yamada se ha editado directamente en DVD. Y anteriormente pasó exactamente lo mismo con la surcoreana Thirst (Park Chan-wook, 2009). Desgraciadamente estos casos no son una excepción.

En los años 90 Takeshi Kitano era el nombre más popular dentro del cine nipón, pero en los últimos años su presencia ha pasado casi desapercibida en España. Kitano ganó el prestigioso León de Oro en 1997 por Hana-Bi (Flores de fuego) y además la violenta y lírica Zatoichi (2003) fue elegida la mejor película en el festival de Sitges, pero aunque sus últimas obras se han estrenado en festivales más importantes de Europa, no han tenido ninguna repercusión en nuestro país. No sé ni siquiera si se han distribuido. Está claro que los artistas pasan por diferentes etapas y el éxito suele ser efímero, pero Kitano sigue estando en festivales como Venecia y Cannes, pero parece que su cine no despierta ningún interés en medios españoles. Al parecer está acabado, ya es parte del pasado. Los medios de comunicación tienen una enorme influencia a la hora de manipular y moldear el gusto de la gente y los cineastas que no aparecen en los medios dejan de existir por arte de magia. Parece que para poder seguir disfrutando del cine de Kitano tendremos que esperar a que organicen alguna retrospectiva en algún festival, museo o filmoteca.

En este contexto Kore-eda ha logrado el reconocimiento y la repercusión que tuvo una vez y de que carece actualmente Kitano. Kore-eda empezó rodando documentales, pero obtuvo el reconocimiento de la crítica y el público gracias a sus trabajos de ficción. Su cine nos habla de la memoria, el pasado y la muerte. Son sus temas preferidos y vuelve a ellos una y otra vez. Los personajes de Kore-eda suelen estar atrapados entre el pasado (traumático) y el presente, pero lo que más le interesa no es la causa de ese trauma, sino las consecuencias que tienen en la vida de los personajes. Desde que el cine clásico norteamericano empezó a resquebrajarse la mayoría de los personajes que vemos en pantalla suelen ser almas atormentadas que vagan por el desierto, pero Kore-eda no pretende justificar las acciones de los seres humanos por lo que pudo pasar en el pasado, ya que, la vida es demasiado corta para lamentarse. Kore-eda siempre apuesta por el futuro, y aunque sea imposible dejar atrás los fantasmas del pasado, eso no significa que no se pueda salir adelante.

Es evidente de que todos tenemos un pasado, pero sin embargo, somos capaces de superar los obstáculos a los que nos enfrentamos cada día. En algunos casos no es posible hacer las paces con uno mismo porque muchas circunstancias no dependen de uno mismo, pero cueste lo que cueste hay que sacar fuerzas para seguir adelante. El pasado no se puede cambiar de ninguna manera, pero con fe y con esperanza sí que habrá un futuro al cual dirigirnos. El pasado es un callejón sin salida, por ello hay que encontrar la salida en otro sitio.

En Kiseki los protagonistas son dos encantadores y entrañables niños que están separados el uno del otro. Koichi vive con su madre y sus abuelos en Kagoshima y Ryunosuke vive con su padre en Fukuoka. La fuerza y la ternura que transmiten los hermanos Kaeda (que son cómicos profesionales en la vida real) son insuperables. Hacen gala de una confianza y de una determinación que muchos mayores ya quisieran. Los adultos son secundarios. Aparecen entre otros el actor Hiroshi Abe y el recientemente fallecido Yoshio Harada; ambos trabajaron con el director en la magnífica Aruitemo, aruitemo (2008). Es una historia tierna, sencilla y encantadora. El cine de Koreeda nos recuerda que la vida es un auténtico milagro y que debemos dar las gracias por ello. 


Guest

Archivado en Zine espainiarra • Fecha: 18-04-2012 11:42:21

Dentro del programa Cine Europeo en Ruta se ha proyectado en el Teatro Principal de San Sebastián la última película del cineasta José Luis Guerin. El director de origen catalán aprovechó la oportunidad que le brindaron los festivales de medio mundo cuando estaba promocionando En la ciudad de Sylvia para filmar a las gentes de cada país al que visitaba. Fassbinder rodaba películas aún cuando se tomaba un descanso y Guerin ha querido rodar un documental mientras estaba de gira promocionando su anterior trabajo. En la ciudad de Sylvia se estrenó en la sección oficial del prestigioso festival de Venecia en el año 2007 (fue la única cinta española que compitió por el León de Oro), y desde allí continuó su viaje que le llevó a sitios tan lejanos y dispares como Chile, Colombia, Cuba, China, Estados Unidos, Israel…

En Guest aparecen grandes autores como Chantal Akerman o Jonas Mekas, pero el objetivo de Guerin no es hacer un documental sobre los diferentes festivales al que asiste, sino que le interesa dar voz a la gente de la calle. Mientras los medios de comunicación intentan retratar ese mundo imaginario donde predominan el éxito y la opulencia que representan las estrellas más cotizadas y atractivas del momento, Guerin graba lo que no se quiere ver. En la película no aparecen estrellas y famosos, porque el objetivo del cineasta no es otra que hacer visible la realidad de cada sitio. En un mundo tan globalizado como el nuestro los contrastes que crea la lógica capitalista se vuelven más visibles que nunca y el realizador intenta dar testimonio de la forma de vida de la gente de otros países. Guerin se enfrenta sin tapujos a lo real y demuestra su compromiso como persona y como cineasta.

Guerin iba a todas partes con la cámara y hablaba con la gente que estaba dispuesto a compartir sus experiencias. Al igual que en el cine experimental hecho por Mekas el azar es importante en la forma de entender el cine que propone, y la improvisación será una de las características más esenciales a lo largo de todo el metraje. Utilizar el componente del azar para idear una película puede ser una buena excusa para filmar lo que sea y presentarla como si fuera una obra de arte, pero aunque en el film haya muchas voces la propuesta de Guerin no deja de ser coherente. La casualidad es parte de la vida y Guerin no pretende erradicarla de su cine porque sería absurdo. Guerin no es un neurótico que quiere controlar todo y no tienen ningún problema en dejarse llevar. Por consiguiente no duda ni un momento a la hora de entrar en casa de personas que acaba de conocer en la calle. Es un aventurero que no le teme a la vida y va donde la cámara le lleva. Se comporta como un niño y parece que está descubriendo por primera vez el mundo. Está abierto a todo e intenta dejar los prejuicios a un lado. Intenta entender a los demás y para ello escucha a las personas que se atreven a hablar delante de la cámara. En el film de Guerin todos son protagonistas.

A simple vista el discurso parece fragmentario y sin sentido, porque entrevista y habla con toda clase de gente y no parece que haya un discurso coherente, pero no hay que dejarse engañar. Aunque la gente diga lo que quiera y algunas conversaciones parezcan banales y carentes de interés, las referencias bíblicas se suceden durante todo el metraje y al final el espectador llega a la tierra prometida. En Jerusalén Guerin sigue a unos niños que le enseñan su escuela que está en ruinas y le preguntan ansiosos cuándo lo podrán ver en televisión. En la calle encuentras muchos que te hablan de Dios y por ello Guerin ha intentado construir un relato acorde con las exigencias y necesidades de la mayoría de la población. La idea de Dios sigue siendo la única esperanza de muchos habitantes de la tierra para poder seguir adelante y Guerin ha querido rendir homenaje a esas personas a través de historias y referencias basadas en el legado cristiano para hablar del amor, la esperanza y la fraternidad.


Una habitación con vistas (A Room With a View)

Archivado en Erresuma Batuko zinea • Fecha: 18-04-2012 09:36:37

No hay duda de que el cine estadounidense es hegemónico y dominante, pero a algunos cineastas no les interesa lo más mínimo lo que puedan filmar los grandes estudios de Hollywood. La influencia que ejerce la pantalla global es tremenda, pero eso no significa que sea la única referencia en cuanto al séptimo arte. El consagrado y respetado realizador James Ivory es americano, pero su cine puede ser considerado británico. Al veterano autor no le interesa para nada el presente y por ello siempre se ha decantado por películas de época. Prefiere retratar las costumbres de la vieja Inglaterra antes que la vulgaridad y la frivolidad que caracterizan a la sociedad estadounidense. Es defensor de la alta cultura y su cine es académico y elegante. Se puede afirmar con rotundidad que su cine es de buen gusto y exquisita factura. Lo vulgar no tiene cabida, y el lenguaje soez y las malas maneras son desechados en beneficio de las buenas costumbres de antaño. Según Ivory, está claro que lo nuevo no es necesariamente mejor que lo viejo.

El estadounidense es mundialmente conocido por sus adaptaciones literarias; siempre ha buscado la inspiración en la literatura porque lo contemporáneo no consigue despertarle ningún interés. Se puede decir que Ivory ha querido construir otro mundo a través de sus películas y casi siempre ha trabajado al margen de Hollywood. Por ello Ivory no tiene nada que ver con autores posmodernos como pueden ser Tarantino, Fincher o Lynch, ya que su cine se asemeja a los de grandes autores clásicos como el prestigioso inglés Laurence Olivier. Por eso será difícil encontrar hoy en día a un estudiante que sea un gran admirador de James Ivory. Hay películas que marcan una época como pueden ser Fight Club o Pulp Fiction, pero Ivory no tiene películas de ese calibre. Es un autor que sabe lo que quiere y le da igual lo que piense el público. Su estilo nos recuerda al cine de calidad que tanto odiarían los nuevos realizadores de la nouvelle vague francesa.

Ivory no siente ningún deseo de experimentar, ya que lo más importante en su cine es la historia, el contenido. No pretende abrir nuevos caminos, simplemente quiere hacer el cine que le apasiona. Seguramente a la gente joven que ha crecido con los videojuegos y el anime japonés no le resultará atractivo, le parecerá aburrido y carente de interés. Su cine no es sorprendente ni mucho menos espectacular, es un cine clásico y sencillo.

Ivory creció en el estado de Oregón y estudió arquitectura y bellas artes en la universidad de Oregón. Después decidió estudiar cine en la USC School of Cinematic Arts de Los Ángeles y se graduó en 1957 con el documental Venice: Theme and Variations. Cuando estaba rodando en la India conoció al productor Ismail Merchant y decidieron crear su propia productora a principios de los años 60. Los representantes de los nuevos cines reivindicaban la improvisación y la vitalidad y querían liberar el cine de reglas absurdas y caducas. Era hora de romper con todo. Sin embargo, Ivory no se dejó engañar por la moda de los nuevos tiempos y siguió su camino junto a su compañero Merchant. La primera película que rodaron juntos fue La joven pareja (The Householder, 1963) y desde aquel momento trabajaron también con la escritora y guionista de origen alemán Ruth Prawer Jhabvala. Los dos han hecho un montón de películas durante 50 largos años y su trabajo ha sido reconocido varias veces por la Academia de Hollywood con importantes premios. Su primer gran éxito de público y crítica llegó con Una habitación con vistas (A Room With a View, 1985) que obtuvo 3 premios Oscar (mejor guion adaptado, dirección artística y vestuario) y además fue elegida como la mejor película del año en la ceremonia de los BAFTA.    

A Room With a View está protagonizada por actores de la talla de Helena Bonham Carter, Daniel Day-Lewis y Judi Dench, entre otros. Es una historia bella y sencilla y puede resultar predecible, pero a pesar de ello es una bonita historia de amor donde la joven e ingenua protagonista Lucy Honeychurch tendrá que elegir entre dos hombres. Uno es guapo y vitalista (interpretado por Julian Sands) y el otro es todo lo contrario: es un neurótico (encarnado por el famoso Day-Lewis). Uno ama la vida y no duda en arriesgarse y luchar por lo que quiere, el otro prefiere ser un simple espectador de su propia vida. George Emerson no duda ni un momento a la hora de bañarse desnudo o jugar al tenis, actividades que aterrorizan al bueno de Cecil Vyse. Vyse no quiere que la vida le salpique y por ello se refugia en los libros. Intenta escapar de la vida y observa el mundo a través de la ventana de su cómoda habitación. Prefiere admirar la belleza de las cosas sentado tranquilamente en su butaca, antes que experimentarlas y sentirlas en propia carne.

Los neuróticos se caracterizan porque se les hace muy difícil lo más sencillo y Vyse odia las actividades que puede hacer hasta un niño. Logra disimular sus miedos y defectos gracias a su pose intelectual, pero en el fondo sabe muy bien que es incapaz de hacer cosas tan simples como jugar al tenis. Al fin y al cabo lo importante no es si juega o no (eso es lo de menos), es la actitud que tiene ante la vida lo que no le agrada nada a la protagonista. Cecil Vyse es incapaz de amar la vida y Lucy no está dispuesta a compartir su vida con un perdedor. Porque el perdedor no es el que fracasa, sino el que se queda mirando cómo transcurre la vida ante sus propios ojos.